por Wiliam Ajanel
Dicho de manera distinta por el mismísimo Sigmund Freud: "¡Menudo progreso hemos logrado! En la Edad Media, me hubieran quemado. Ahora les basta con quemar mis libros." Los más profundos y ridículos miedos, han llevado a muchos hombres a pensar que eliminar una idea peligrosa es la manera correcta de llevar adelante sus particulares intereses y su egoísta visión del mundo, olvidan que el ser humano, que se encuentra provisto de una capacidad enorme de razonar, tarde o temprano encontrará la salida hacia la libertad de pensamiento y acción. Pero en ocasiones, el poder enloquece las almas ignorantes y atacan lo invencible, lo inevitable: La razón.

Considerando incluso, que las expresiones plasmadas por medio de un libro vayan en contra de principios fundamentales o tradicionales de la sociedad, resulta un acto de cobardía y un osado ataque a la libertad de pensamiento, retirar de forma tan salvaje los textos que pueden o no colaborar a la diversidad intelectual de toda una sociedad. Si son o no ideas peligrosas, corresponde a los individuos asegurarse de razonarlo por sí mismos, de lo contrario, quienes participan como una especie de reguladores del saber, se pondrían en un nivel que sobrepasa al humano común, convirtiéndose en una especie de divinidad superior.
El mensaje detrás de la quema de libros, expresa un claro temor, que puede ir desde aspectos intelectuales como una idea opuesta al status quo, o a un irremediable despertar de la razón en la sociedad, abandonar la ignorancia y la idea de un órden común y totalitario. Entristece ver como tal práctia demuestra lo poco preparados que estamos para enfrentarnos a las ideas, y quemar con odio irracional, como se hiciera hace cientos de años con los hombres.
No se puede esperar más de una sociedad que en lugar de atacar y debatir las ideas, pretende oscurecer el razonamiento saludable, escondiendo de quienes vienen detrás de nosotros, la realidad de la vida a la luz de los hechos, como lo hicieran hace unas semanas un grupo de personas en Estados Unidos al quemar libros con contenido sobre homosexualidad y sexo.
Pero la ignorancia durará lo mismo que tardarán en apagarse las llamas de aquellos que pretenden acabar con el conocimiento, las ideas, y la sabiduría. Nunca debería existir un privilegio sobre el conocimiento, ni un castigo para las ideas que han de ser razonadas por el hombre, sencillamente la libertad determinará las ideas que han de preparar al mundo para su crecimiento intelectual, mejorarnos como humanos.
Finalmente, una persona muy querida en una ocasión recibió una donación de libros y material didáctico que sin mayor consideración fueron a para a la chimenea. Yo totalmente sorprendido pregunté por qué hacía tal cosa, la respuesta me sorprendió todavía más: He quemado esos libros y ese material porque han cambiado una palabra que se puede mal interpretar y no queremos correr ese riesgo. Seguidamente pensé que no valía la pena desperdiciar todo ese material por una simple palabra que se podría razonar fácilmente, pero precisamente algunos es lo que quieren evitar, que el individuo razone por si mismo y que siga las lineas establecidas por el régimen autoritario de turno, es más triste que lamentable.
No caigamos en tales prácticas, de modo que los ideales que defendemos se vean débiles e inútiles a la hora de contrastarlos a la luz de la libertad.
Un saludo
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