miércoles 2 de diciembre de 2009

¿Debemos simplificar la ortografía o simplemente respetarla?

por Wiliam Ajanel

Hace pocos días tuve la oportunidad de ver el programa "Oppenheimer presenta", en donde se trató el tema: "El futuro del idioma español", y se presentaron algunas opiniones interesantes respecto al futuro de algunos términos que han venido evolucionando e incorporándose a nuestro idioma y de la posible eliminación de algunas normas de ortografía básicas como el uso del acento en palabras como "ese", "solo" y "este", y el futuro de la letra eñe por ejemplo.

El tema giró en torno a la evolución del idioma, producto de una globalización evidente y la necesidad de adaptarse a distintas terminologías producto de la nueva era de la informática y los medios. Entre las opiniones que se pueden considerar está la del mismo presidente de la Real Academia Española, el Doctor Victor García de la Concha, quien realizó algunas intervenciones explicando algunos de los métodos que utilizan para considerar cambios e implementar nuevas normas al idioma.

Mientras se discutían algunas opiniones desde distintas posturas [algunas rayando en lo ridículo, como la de una novelista cuyo argumento era "obedecer" sus propias reglas de ortografía y gramática en una especie de rebelión a los lineamientos de la RAE (?) ] nació en mi la duda sobre si es correcto simplificar aspectos de la ortografía que tradicionalmente conocemos la mayoría de quienes habitamos en países hispanohablantes.

Cuando se genera éste tipo de discusión saltan muchos argumentos, algunos de ellos fueron planteados en el programa del cual hablo, entre ellos: La implementación de terminologías especializadas como la informátcia, el comercio, la tecnología, los medios, etc. Considerar también una forma práctica de escritura y evitar conflictos ortográficos a la hora de escribir. El uso de las tecnologías como los mensajes de texto [SMS] y similares, y la simplificación del idioma como parte de socieades más cercanas, es decir, más "globales".

Dentro de todos estos argumentos, se le da una mención especial a la juventud, y su nueva "manera" de comunicarse, donde mucho obvian [obviamos] en ocasiones el uso adecuado de los acentos, los signos de puntuación y hasta hemos llegado a la sustitución de letras como el famoso caso de la "k" en palabras que conserven su fonética como: "kasa" en lugar de casa, "kalle" en lucar de calle, etc.

Visto el panorama actual y las consideraciones al respecto de las simplifiación de la ortografía y el idioma en general, tan sólo me da la sensación de que en nombre de la comodidad o pereza, se quieran modificar algunos términos o palabras, para hacerlas supuestamente más "prácticas" o sencillas. Es posible que en nombre de la simplificación de la ortografía se caiga en grotescas adulteraciones del idioma, que como también mencionaban en el debate, han venido ocurriendo desde hace cientos de años, y siempre salta algún grupo de "puristas" del idioma, por así decirlo, a defender lo inevitable: El cambio en las costumbres y formas de comunicación social.

Ahora bien, hay que plantearse si es justo atender siempre al sentido de las masas, es decir, al gusto popular para lograr modificaciones sustanciales y drásticas en el idioma [no hablo de modismos, localismos, ni extranjerismos] que aunque, como bien mencionaba Andrew Lynch, un profesor en lingüística invitado del programa, el idioma resulta de un consenso popular, de formas y palabras utilizadas para que la sociedad pueda comunicarse; no necesariamente esto justifica que deba simplificarse el idioma cuando la mayoría [y aquí es donde entran algunas justificaciones, desde mi punto de vista poco honorables] sea por pereza, por comodidad, e incluso por ignorancia, encamine los pasos del idioma hacia una especie de degeneración inconsciente.

No se trata de volverse un purista del idioma, o de estar en contra del cambio [normalmente utilizo terminología "moderna" en mi escritura y forma de comunicarme], sencillamente es cuestión de analizar que los argumentos que nos lleven hacia una "simplificación" del idioma, estén lejos de ser los de obedecer a gustos particularmente cómodos o sin sentido.

Y mi respuesta a la pregunta medular del artículo es: Para simplificar el idioma, antes debemos aprenderlo bien, respetarlo, analizarlo y por último, de ser imperiosamente necesario, modificarlo.

Con las debidas disculpas anticipadas por las faltas ortográficas.



Un saludo.

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Argumentum ad populum: El peligro de la sabiduría popular

domingo 22 de noviembre de 2009

La parábola del carpintero y su interpretación a las redes sociales

por Wiliam Ajanel

Esto era un carpintero, que un mal día se encontró en su taller; con gesto de incredulidad y molestia, observó como sus preciadas y muy útiles herramientas habían desaparecido y en lugar de ellas se encontró con una serie de utensilios extraños sobre su mesa de trabajo y a un desconocido vestido de blanco y con sonrisa autocomplaciente.

[woodworking by guate84105 on Flickr under cc]

¡Pero esto qué es! Exclamó el carpintero.

Pues tu nuevo equipo colega, respondió el hombre de bata blanca.

¿Equipo nuevo? Pero si no tengo idea de qué son todos estos instrumentos, más vale que exista una explicación para esto, porque tengo mucho trabajo por hacer, replicó el carpintero en tono cada vez más ardiente, mientras observaba su ya profano taller.

Amigo, estas herramientas te ayudarán a dar una mejor atención a tus pacientes, dijo el hombre de blanco mientras tomaba en su mano un estetoscopio y lo colocaba alrededor del cuello del carpintero.

¡Un momento! Gritó el carpintero, mientras el hombre de blanco le miró paciente y dijo: Shh shh shh! Tranquilo hombre, que apenas comienzo, deja que te explique, esto sirve para que puedas escuchar los sonidos internos de tus pacientes y así determinar si existe alguna anomalía.

Pero... ¡Pero nada! Déjame finalizar, que estas herramientas son muy útiles y debes aprender a utilizarlas del modo correcto. Si pero... ¡Hombre! No seas necio, que no termino; decía el hombre de blanco al carpintero que se resistía a utilizar las herramientas nuevas.

Verás, esto es un bisturí, debes ser cuidadoso porque podrías lastimarte si no lo utilizas del modo correcto, con el podrás hacer cortes precisos... Ah! ¡Cortes! ya vamos por buen camino, ahora comienza a cobrar sentido, decía el carpintero, frente al rostro de confusión del hombre de blanco.

Espera, dijo el hombre de blanco mientras colocaba su mano en la cintura ¿Tu pediste este cambio de equipo hace tres días a la clínica? Porque mis hombres vinieron temprano a llevarse el equipo viejo y me presenté justo a la hora que habíamos acordado.

El carpintero, completamente sorprendido le refirió: Nunca he llamado a ninguna clínica ¿le parece acaso que soy doctor? Soy un carpintero señor mío, de los que hacen muebles y puertas, y creo que cometió un grave error.

Ya me lo parecía, expresó el hombre de blanco mientras sonreía con gesto de incredulidad y vergüenza.

No te preocupes, este mal entendido tendrá pronta solución, le diré a mis hombres que te devuelvan tus herramientas y yo me llevaré las mías, mil disculpas, dijo el hombre de blanco.

Sabía que algo andaba mal, dijo el carpintero mientras sonreía en son de paz. Sin embargo, tendré que pedirle que me deje este último instrumento, el bisturí ese que me mostró, me resulta necesario para algunos detalles que con otra herramienta se me dificultan.

Hombre, pero no se si sea lo adecuado.

No se preocupe, yo se en qué puedo emplear tan preciada herramienta.

Pues para que veas que no he obrado de mala fe, te lo obsequio.

¡Faltaba más! Pues gracias señor, tenga usted feliz día...

Igualmente señor carpintero, ya se a donde venir cuando necesite algún mueble.

Y yo también cuando necesite una herramienta extraña, dijo el carpintero en tono de broma.

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Y luego de esta pequeña "parábola" resulta muy sencillo [y hasta obvio si se quiere] hacer una pequeña explicación de lo que son las ya ultramasticadas redes sociales del mundo del internet.
Las redes sociales no son más que herramientas, a las cuales podemos o no encontrarles utilidad, todo depende del ámbito en el que nos desenvolvemos, y ojalá fuera tan sencillo comprenderlo de forma tan básica desde el inicio, pero al parecer, muchos hemos caído en el error de criticar iniciativas en la web, que si nos parecen tontas, que si son innecesarias, que si no sirven para nada, que si quitan el tiempo, que si están de más, o si son la raíz de toda la maldad en el ciberuniverso, etc.

Definitivamente todos podemos encontrarle sentido a las redes sociales, esto claro, si nos movemos dentro de éste rubro tan particular, como un carpintero necesita su martillo, o un médico su estetoscopio, la amplitud en el alcance de estas herramientas, las hace útiles para algunos, desde el punto de vista profesional, como los periodistas que utilizan el Twitter; hasta el punto de vista sentimental, como las personas que pueden estar al tanto de sus seres queridos por medio del Facebook y similares. Cada quién dará utilidad a las herramientas que utiliza de acuerdo a SUS necesidades.

Sin embargo, algunos [yo incluído] nos dedicamos a criticar iniciativas que a nosotros nos parecen inútiles, sencillamente porque no comprendemos su utilidad y uso, lo cual no quiere decir que podamos desacreditar cada iniciativa que por ignorancia, nos parezca abusurda.

Nadie está obligado a entender la utilidad de cada herramienta en la web, por lo cual tampoco los demás están obligados a no utilizarlas, es una cuestión de entendimiento, necesidades, y en última instancia, respeto por las decisiones ajenas.

Si preferimos ser carpinteros está bien, el mundo necesita carpinteros; si en cambio preferimos ser médicos, abogados, arquitectos, pintores, etc. También necesitamos de ellos, y cada quién de sus respectivas herramientas, no caigamos pues, en el sabelotodoísmo criticando sin justificación racional los proyectos [los que no incurren en abusos, claro está] de la web, que bien o mal que nos parezcan, contribuyen a la diversidad de expresiones sociales dentro de la web.

Por último, todo este rollo se originó a causa de un amigo mío que me insiste en la utilidad del Twitter [entre otras cosas] y finalmente cansado le dije que para mi era un despropósito. De modo muy respetuoso me dijo, no es que sea inútil, es que ignoras su utilidad, es como un martillo, si no sabes para que se usa y no lo necesitas, pues te resulta inútil.


Un saludo

También puedes leer:
¿Cansado de internet y las redes sociales? Esta podría ser tu salvación...

miércoles 18 de noviembre de 2009

¡Mira! Ya tengo el nuevo "esto" y el nuevo "aquello" [el argumento ad novitatem]

por Wiliam Ajanel

Me sucedió hace no muchos días, que un jovencito se acercó a mi con la "novedad" del tan sonadísimo sistema operativo de la compañía esa de software privativo que no voy a mencionar, pero que todos conocemos [si, esa] y me llamó mucho la atención esa actitud, que hasta hace unos años sólo veía en las ya típicas adolescentes de comportamiento irregular cuando se compraban "la última prenda de moda" o el disco del cantante de moda tal, y fue obvio para mi que es un fenómeno que trasciende en todos los ámbitos de la vida, y que curiosamente va de la mano con una de las falacias lógicas de mayor impacto socio-cultural que nos acompañan desde hace mucho tiempo; el argumento ad novitatem.


Citando un poco la Wikipedia, veremos que:

La apelación a la novedad (también llamada argumentum ad novitatem) es una falacia lógica que sostiene que una idea es correcta o mejor simplemente por ser más moderna. Este tipo de falacia es muy efectiva en el mundo actual en el que las novedades tecnológicas han ayudado a mejorar nuestras vidas y todo el mundo aspira a estar a la última.

Y tal como me lo esperaba, al preguntarle al jovencito sobre las razones por las cuales creía que era estrictamente necesario y beneficioso, migrar su sistema operativo a uno "nuevo", tan sólo supo responderme: Bueno, siempre es bueno estar actualizado y seguramente este nuevo programa es mucho mejor que el anterior, encima se ve más bonito.

Sin entrar al detalle minucioso de hacer comparativas sobre si es o no mucho mejor un programa que el otro, me sorprendió la base errónea sobre la cual no sólo este jovencito, sino una gran parte de la sociedad basa su consumo, la "novedad". Es curioso como podemos en muchas ocasiones desatender nuestro propio razonamiento lógico en nombre de la moda, la mercadotecnia, la publicidad y las necesidades creadas en base a falacias lógicas como el ad novitatem.

Pero ¿cómo hemos dado cabida a este tipo de prácticas en la sociedad? Las razones pueden ser muchas; la ignorancia es una de las más fuertes, ya que un acceso limitado a la información y la educación, ha hecho que se valoren mucho los juicios que proponen los medios de comunicación para afrontar la realidad de nuestras necesidades en el mercado, si escuchamos hablar de una nueva lavadora en la publicidad de la tele, vamos y corremos a comprarla porque lo dijo la tele [ad verecundiam] o si leeemos sobre el nuevo best seller del autor equis zeta en el periódico, vamos y lo compramos porque es un éxito y mucha gente lo lee [ad populum] pero la influencia de lo novedoso sobrepasa el límite de lo racional, y obviamos aspectos tan elementales, como la funcionalidad, la utilidad, la sencilléz, la rapidéz, la economía, etc; por ejemplo el hecho de que una lavadora por más botones y vueltas que pueda dar, al final lo que hace es... lavar.

La innovación sin embargo, no resulta un despropósito en si misma, el problema resulta cuando la sociedad, ya sea por comodidad, pereza o simple emocionalismo, evita acceder a la información real sobre las cosas de las cuales se nos dice, son una novedad para mejorar más aún nuestras vidas, en la mayoría de las ocasiones, esto resulta estar tan alejado de la realidad, porque en lugar de invertir nuestros recursos [y no me refiero solamente al dinero] en mejorar aspectos realmente importantes de nuestras vidas, desperdiciamos aún lo que no tenemos en ser o parecer más modernos, sin poder siquiera aprender a maximizar y optimizar todo artilugio y cacharro que ronda por la casa [tal es el caso del microondas de mi casa que aún no termino de entender, por ejemplo].

Para finalizar, justamente ayer veía un capítulo de la serie del Doctor House, y el capítulo giraba [entre otras cosas] en torno a un discurso que del doctor G. House tenía que dar en apoyo a un nuevo medicamento de una farmaceutica o laboratorio equis. El caso es que, en un giro muy particular de la serie, el doctor, molesto por la reacción del propietario frente a su cortísimo discurso, decidió retomar el podio y expresar un discurso particularmente subversivo donde expresó la verdadera razón del medicamento, que entre otras cosas, no tenía mejora significativa, más allá de ser una razón perfecta de elevar las ventas de la farmacéutica y una excusa para patentar de nuevo los medicamentos y mantener con la idea de mejoras a todos los enfermos sedientos de pequeñas esperanzas, parafraseando: Esta gente está tan enferma que no le importaría gastar todo su dinero en medicina que tiene los mismos componentes, pero que "es nueva".

¿Tan enferma está nuestra sociedad? ¿Compraremos todo aquello que nos de una pequeña esperanza de progreso o comodidad? No es tan difícil plantearse lo que es estrictamente necesario y lo que es tan sólo parte de una falacia en la sociedad, pararnos y pensar dos minutos antes de obtener lo "último" no es tan difícil después de todo.


Un saludo.

Fuentes:
Artículo de la wikipedia sobre el Argumento ad novitatem

También puedes leer la serie sobre argumentos y falacias lógicas

jueves 29 de octubre de 2009

¿Artista? Yo no estaría tan seguro...

por Wiliam Ajanel

En una de tantas alucinaciones mentales y una inevitable curiosidad [es una manera elegante de llamar a la falta ocupaciones y mucho tiempo libre] me pregunté ¿En qué momento se perdió la verdadera noción de lo que un artista es, o debería ser. Mi principal preocupación al respecto es el hecho de que al vernos envueltos en una ola mediática y comercial, sea hasta cierto punto, complicado diferenciar el arte de un mero trabajo de entretenimiento o simple exhibicionismo; tal es el caso de quienes figuran en el mundo de la música y el entretenimiento popular, y que suelen referirse así mismos como artistas, pero apegados un poco al verdadero concepto y el alma de una labor tan noble podríamos preguntarnos: ¿Artista? Yo no estaría tan seguro...

Dentro de las definiciones más básicas de lo que significa el arte encuentro en el diccionario de la RAE estas dos que me parecen muy prácticas y sencillas de entender:

  • Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.
  • Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
Desearía ser mucho más hábil para aún hacer una apreciación más lógica de tales conceptos, pero resulta complicado dada la claridad de los mismos; en cambio, si es posible acercar un poco el concepto hacia ejemplos prácticos del mundo actual que nos rodea.

Haciendo un poco de conciencia sobre el segundo concepto, podemos ver que la expresión individual y personal sobre el la vida, el mundo o la sociedad, en ocasiones se encuentra ausente en el trabajo que desenvuelven muchos de estos seudo artistas, que en el peor de los casos, se encuentran totalmente dispuestos a renunciar a su particular visión de la vida, por unos minutos de fama o por unas cuantas monedas [es obvio que no son unas cuantas] con tal de permanecer en la "escena" y ser alabados cuales dioses del arte que pretenden ser, pero que sin integridad y honestidad alguna, están lejos de serlo.

Dentro de ese mismo concepto [y es notable que no estamos tomando aspectos puntuales de las distintas ramas y disciplinas del arte, más bien un concepto muy vago y hasta elemental] aparece una frase determinante y con mucho significado: " mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada". Si tán sólo tomáramos como parámetro de apreciación de lo que es un artista esta pequeña anotación, se eliminarían de la lista muchos de aquellos que pretenden alcanzar un nivel social, económico e incluso político por medio del arte, está claro que aunque el arte sea tan poderoso como para abarcar estos aspectos de la vida, no se ha pensado, ni se ha apreciado para tales fines. Pensaríamos entonces, que un deseo enfermizo de protagonismo o simple fama, tampoco es una consideración justa para hacerse llamar artista.

Y uno de los puntos más fuertes y que probablemente sea el más ignorado, es la capacidad de interpretación del arte, como expresión humana, y más allá de un simple ejercicio comunicativo, como escribir frases sin sentido, hacer sonar una ojalata o manchar un lienzo blanco con desperdicios. El arte es capaz de despertar el espíritu humano hacia un nivel de apreciación que sobrepasa la cotidianidad y la rutina, es cuanto menos triste, que hoy en día se considere arte, algún tipo de arreglo musical muy vago y hasta disonante, pero que sirve da base para hacer las canciones de moda, de los grupos del momento, sin escatimar expresión alguna, más que el simple hecho de "entretener" y mantener feliz a la gente, al público, más bien a los consumidores.

He considerado tan sólo un concepto muy sencillo, bastante obvio si se quiere, pero que en relación con el mundo actual y la brutalidad de los medios, llega a parecer una idea bastante "elitista" o al márgen de lo que la sociedad actual interpreta como artistas.

Finalmente, me encontré con la tarea de un niño hace unas semanas, donde debía escribir un poco sobre la vida de los artistas más influyentes de la historia. El niño sin duda se ocupó en buscar las fuentes de "información" más inmediatas y resultó que entre Beethoven, Bach y un Mozart, también figuraban los Jonas Brothers. Ignoro si lo hizo a manera de burla o sencillamente para él tenía mucho sentido lo que ponía, pero tan sólo pude asombrarme de cómo los medios han manipulado conceptos tan básicos de la historia de la humanidad para ponerlos al servicio de los intereses corporativos y mediáticos. Nació esta preocupación.



Un saludo

Fuentes
Conceptos de arte por el diccionario en línea de la RAE


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¿Podemos criticar el arte?
No se llama música, se llama marketing audiovisual

miércoles 7 de octubre de 2009

¿Compramos buenas marcas o buenos productos?

por Wiliam Ajanel

A simple vista parece una pregunta bastante redundante, sería fácil evitar la cuestión argumentando que una es consecuencia de la otra, si una marca es buena, es porque el producto en algún momento ha sido bueno. Me atrevo a cuestionar tal argumento, sencillamente porque el mercado desde hace mucho dejó de funcionar como una relación entre calidad de bienes, servicios y satisafacción de necesidades, para transformarse en una especie de estrategia basada en la especulación y la psicología del consumidor.


Pero ¿cómo es que logra una marca superar la calidad de un producto? El proceso es muy sencillo, aunque requiere de una fuerte inversión económica que se basa en la manipulación y el control de los medios y los canales de distribución [que van desde las tiendas, los mayoristas, los detallistas, etc]. Por ejemplo, nos encontramos con una camiseta de algodón, que puede en determinado momento resultar bastante genérica y fácil de encontrar, pero viene el asunto de las marcas, que se han logrado posicionar, es decir, han logrado colocarse en un espacio de nuestra mente, y damos entonces una prioridad de calidad más alta.

¿Cómo llegó a "posicionarse" esa marca en nuestra mente? La publicidad juega un papel determinante en nuestra percepción sobre las marcas, independientemente de la calidad de el producto; está siendo sobrevalorada la imagen que hay detrás de una marca, es por eso que resulta tan necesario que una marca de un producto esté apoyada por la imagen de personalidades del mundo de los medios, la música, el deporte, etc.

La habilidad que han logrado muchos profesionales del posicionamiento para distraer nuestra atención hacia las bondades de la marca es impresionante, comenzando con el simple hecho de, por ejemplo, pedir un Marlboro en lugar de pedir un cigarrillo cualquiera. Se puede alegar en este caso en específico, que es un producto que se ha ganado el prestigio a través de los años y la calidad de sus productos, pero ¿estamos realmente convencidos de la calidad del producto o sólo de su prestigio?

Es de considerar que muy pocos tienen el tiempo, los conocimientos técnicos y la objetividad, necesarios para comprobar la calidad de los productos, es muy difícil tratar de convencernos, en primer lugar, de que entre cientos de marcas de un detergente, existan otros mejores quizá que no son tan famosos, sencillamente tardaríamos mucho tiempo en determinar bajo juicios de valoracion objetiva, cuál es el mejor y por qué.

Esto no quiere decir que estemos condenados a consumir los productos que salen victoriosos de una guerra comercial donde gana el más poderoso, el más viejo o el más publicitado, sencillamente podemos despertar la conciencia individual hacia una especie de "consumo responsable", lo cual no quiere decir que dejemos de comprar marcas, pero en vez de eso, volvamos [como mucho tiempo atrás] a preocuparnos por las bondades de un producto, su utilidad, su calidad, sus atributos físicos y si se quiere su precio.

Yo me temo que en su mayoría, estamos consumiendo productos de marcas reconocidas, lo cual no debería cerrar la puerta de la duda respecto a su calidad. ¿Compramos buenas marcas o buenos productos?


Un saludo

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La generación "aprendí a pasar de la publicidad"

martes 6 de octubre de 2009

¿El tamaño (del estado) importa?

por Wiliam Ajanel

Existen diversas posturas frente a la organización de un estado respecto a su tamaño, algunos prefieren, acorde a sus principios políticos, extender el poder gubernamental hacia todas las esferas de la vida pública posibles, una intervención solapada bajo el nombre de "gobernabilidad", mientras que otros prefieren estados pequeños, pero con amplia capacidad de dirección y efectividad, corriendo el riesgo de que también esto sea ocasión para que se generen pequeñas mafias controladoras de la vida pública y política. La pregunta más interesante, en todo caso sería ¿realmente importa el tamaño del estado?

Sin duda, esta perspectiva cambia respecto a las necesidades de cada sociedad y responde [o al menos debería] a las necesidades que se generan en el espacio de la vida ciudadana, y aunque en ocasiones existan gobiernos que se dan "el lujo" de contar con indefinido número de instituciones y comisiones, no es tan importante esta cantidad respecto a la cantidad de poder que se les asigna a estas instituciones. Es obvio que de nada sirve un aparato de gobierno grande, pesado e ineficiente, pero incluso el gobierno más pequeño en número, puede generar más problemas, gastos, corrupción e ineficiencia si no se establecen límites y claridad en la ejecución del poder de cada uno de estos.

Por ejemplo, en un gobierno se pueden crear distintas comisiones para actividades relacionadas, como la seguridad y la justicia; sin embargo, si no existen límites constitucionales y legales frente al uso del poder de las instituciones, estas bien pueden incurrir en abusos [condenas injustas, castigos arbitrarios, coacción, etc.] como también hacerse inútiles e ineficientes [criminales dejados en libertad, pérdida de tiempo en trámites y burocracia, etc.] Esto genera entonces, una inestabilidad en las tareas y responsabilidades de las intstituciones que no se solucionará ni eliminando puestos, ni creando más, todo es más bien una cuestión de límites y funciones.

El poder de las instituciones no se basa sólamente en los derechos y obligaciones de las mismas, un gran porcentaje de la efectividad, diríamos que se basa en la aplicación de límites en las funciones de los gobernantes y funcionarios, de tal modo que la cuestión del tamaño (del estado y sus instituciones) es más bien un asunto de menor prioridad.

Junto con la identificación de los límites del poder, es entonces que se genera una función eficiente, de nada nos serviría tener cientos de diputados que hicieran lo que les da la gana, si tan sólo una docena es capaz de realizar la labor de representación que se necesita en un marco de funciones definidas y limitadas.

Finalmente podríamos poner un ejemplo muy simple; si en un hogar se establecen límites sobre aspectos básicos de conducta y respeto, el número de miembros que existan en dicho círculo familiar no tendría por qué interferir en la conducta del resto, es un principio apegado a la justicia, donde todos debemos respetar las normas de conducta, o de lo contrario ser castigados, no olvidemos pues, que en un verdadero estado de derecho, todos estamos sujetos a las normas y los límites que imponen las leyes, incluso los gobernantes y funcionarios, que a pesar de cumpliar funciones que afectan la vida pública, estas no deberían estar marcadas por la cantidad de funcionarios, pero si por una función definida y limitada.

Diremos entonces, que en este caso particular, el tamaño (del estado) no importa...



Un saludo

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Anarquía, la máxima expresión de orden y libertad

miércoles 30 de septiembre de 2009

La generación "aprendí a pasar de la publicidad"

por Wiliam Ajanel

Como si se tratara de una mutación genética, muchos de los que a diario consumimos información, entretenimiento y diversión a través de los medios de comunicación, hemos ido desarrollando impresionantes habilidades para "pasar" de la publicidad, en cualquiera de sus formas y expresiones. Es tan normal encontarte a tu sobrinito de 5, 7, 10 años manipulando los controles remotos, ejerciendo su inconsciente derecho de libre elección y auto enseñándose a no soportar el abusivo y abrumador bombardeo publicitario.

Sin duda alguna, el bombardeo publicitario tradicional sigue siendo efectivo, de otra manera no insitirían tanto en crearnos la expectativa con los famosos "cortos comerciales" o "nuestros queridos anunciantes" entre programa y programa. Sin embargo me gustaría hacer consciencia sobre el desgaste y la pesadez que genera la publicidad cuando ésta se promueve de forma desproporcionada y sensacionalista.

Cada vez son menos los anuncios que logran generar algún tipo de interés entre el público, sin mencionar las ya gastadísimas estrategias del amarillismo, el doble sentido, el exhibicinismo sexual, las estafas médicas, las recetas para adelgazar, entre otras; que en conjunto han creado, o van creando en nosotros un mecanismo automático que nos advierte, sobre el estar o no dispuestos a tolerar largas horas o espacios de publicidad, sencillamente cambiamos de canal, de estación de radio, de página de la prensa, y hoy en día, y cada vez más, de página web [cuando el click de cerrar ya no es suficiente].

Siendo optimistas, consideremos que en un tiempo no muy lejano, podamos conocer a la generación "aprendí a pasar de la publicidad". Y no porque la publicidad sea malévola, sencillamente porque esto mismo moverá hacia la creatividad publicitaria, donde la gente se atreverá a hacer cosas diferentes para recuperar la atención perdida por el paso del tiempo, el cansancio de los consumidores y la falta de creatividad.

Esa generación que aprenderá a no tolerar que el 50% de sus pantallas esté tapizado de anuncios publicitarios; esa generación que aprenderá a apagar la radio cuando los anuncios duren más de un sagrado minuto; la generación que depositará el periódico en la basura cuando este contenga más páginas publicitarias que información. Esa generación que no estimará el engaño, la estafa, el abuso y las malas prácticas "comerciales".

Los medios necesitan vivir de algo, eso está muy claro, pero ¿es este el costo de acceder a la información y el entretenimiento? ¿mantenernos casi hipnotizados con bombardeos publicitarios que rayan en lo absurdo? Yo creo que no, desde hace un tiempo también se han ido viendo nuevas estrategias y técnicas publicitarias bastante efectivas que enganchan a la gente sin necesidad de tratarlos como a zombies, o en el peor de los casos, como animales irracionales.

Será cuestión de tiempo entonces, para que surja esta generación "aprendí a pasar de la publicidad", o para que los directivos, creativos y publicistas se planteen mejores formas de llegar al público sin ser molestos y ofensivos.

Por mi parte puedo decir que ya soy de esa peculiar y diminuta generación ¿Y tu?




Un saludo

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