por Wiliam Ajanel
Hace pocos días tuve la oportunidad de ver el programa "Oppenheimer presenta", en donde se trató el tema: "El futuro del idioma español", y se presentaron algunas opiniones interesantes respecto al futuro de algunos términos que han venido evolucionando e incorporándose a nuestro idioma y de la posible eliminación de algunas normas de ortografía básicas como el uso del acento en palabras como "ese", "solo" y "este", y el futuro de la letra eñe por ejemplo.
El tema giró en torno a la evolución del idioma, producto de una globalización evidente y la necesidad de adaptarse a distintas terminologías producto de la nueva era de la informática y los medios. Entre las opiniones que se pueden considerar está la del mismo presidente de la Real Academia Española, el Doctor Victor García de la Concha, quien realizó algunas intervenciones explicando algunos de los métodos que utilizan para considerar cambios e implementar nuevas normas al idioma.
Mientras se discutían algunas opiniones desde distintas posturas [algunas rayando en lo ridículo, como la de una novelista cuyo argumento era "obedecer" sus propias reglas de ortografía y gramática en una especie de rebelión a los lineamientos de la RAE (?) ] nació en mi la duda sobre si es correcto simplificar aspectos de la ortografía que tradicionalmente conocemos la mayoría de quienes habitamos en países hispanohablantes.
Cuando se genera éste tipo de discusión saltan muchos argumentos, algunos de ellos fueron planteados en el programa del cual hablo, entre ellos: La implementación de terminologías especializadas como la informátcia, el comercio, la tecnología, los medios, etc. Considerar también una forma práctica de escritura y evitar conflictos ortográficos a la hora de escribir. El uso de las tecnologías como los mensajes de texto [SMS] y similares, y la simplificación del idioma como parte de socieades más cercanas, es decir, más "globales".
Dentro de todos estos argumentos, se le da una mención especial a la juventud, y su nueva "manera" de comunicarse, donde mucho obvian [obviamos] en ocasiones el uso adecuado de los acentos, los signos de puntuación y hasta hemos llegado a la sustitución de letras como el famoso caso de la "k" en palabras que conserven su fonética como: "kasa" en lugar de casa, "kalle" en lucar de calle, etc.
Visto el panorama actual y las consideraciones al respecto de las simplifiación de la ortografía y el idioma en general, tan sólo me da la sensación de que en nombre de la comodidad o pereza, se quieran modificar algunos términos o palabras, para hacerlas supuestamente más "prácticas" o sencillas. Es posible que en nombre de la simplificación de la ortografía se caiga en grotescas adulteraciones del idioma, que como también mencionaban en el debate, han venido ocurriendo desde hace cientos de años, y siempre salta algún grupo de "puristas" del idioma, por así decirlo, a defender lo inevitable: El cambio en las costumbres y formas de comunicación social.
Ahora bien, hay que plantearse si es justo atender siempre al sentido de las masas, es decir, al gusto popular para lograr modificaciones sustanciales y drásticas en el idioma [no hablo de modismos, localismos, ni extranjerismos] que aunque, como bien mencionaba Andrew Lynch, un profesor en lingüística invitado del programa, el idioma resulta de un consenso popular, de formas y palabras utilizadas para que la sociedad pueda comunicarse; no necesariamente esto justifica que deba simplificarse el idioma cuando la mayoría [y aquí es donde entran algunas justificaciones, desde mi punto de vista poco honorables] sea por pereza, por comodidad, e incluso por ignorancia, encamine los pasos del idioma hacia una especie de degeneración inconsciente.
No se trata de volverse un purista del idioma, o de estar en contra del cambio [normalmente utilizo terminología "moderna" en mi escritura y forma de comunicarme], sencillamente es cuestión de analizar que los argumentos que nos lleven hacia una "simplificación" del idioma, estén lejos de ser los de obedecer a gustos particularmente cómodos o sin sentido.
Y mi respuesta a la pregunta medular del artículo es: Para simplificar el idioma, antes debemos aprenderlo bien, respetarlo, analizarlo y por último, de ser imperiosamente necesario, modificarlo.
Con las debidas disculpas anticipadas por las faltas ortográficas.
Un saludo.
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