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viernes, 15 de mayo de 2009


¿Qué piensas responderles?

por Wiliam Ajanel

¿Cuál es la prueba o examen más difícil que te ha tocado responder? Seguramente has pensado en algún examen de matemáticas, o a lo mejor una entrevista de trabajo. Curiosamente, para muchos de los seres humanos, las preguntas más difíciles de contestar vienen de parte de pequeños seres que aún no terminan la primaria y que con tanta curiosidad exponen sus inquietudes. Y es que un niño, no por ser ingenuo deja de ser inteligente, y al contrario de los mayores [que hemos desarrollado asombrosas habilidades para engañarnos entre nosotros mismos] ellos necesitan una respuesta simple, sencilla y honesta.


Se me han ocurrido y en parte he recordado algunas de esas preguntas que me hice de niño y que aún me hago ahora. Pero, si en este momento viniera tu pequeño hijo, sobrino, primo, equis familiar y te pregunta con la mirada fija sobre tu rostro, ¿Qué les responderías a estas preguntas?

¿Cómo vine al mundo?

¿Por qué vivimos?

¿Para qué estudio?

¿Qué es sexo?

¿A quién quieres más? ¿A mi o a mis hermanitos?

¿Por qué hay guerras?

¿Qué es eso que tienes en medio de las piernas? Mi mamá no tiene de eso...

¿Por qué la gente se pelea?

¿Por qué morimos?

¿Para qué sirve la familia?

¿Hay monstruos debajo de la cama?

¿Qué es lo que haces de noche con mi mami?

¿Es bueno ser rico?

¿Por qué hay gente que es más inteligente?

¿Dios existe?

¿Por qué te fuiste de la casa?

¿Y los animales son como las personas?


Podría seguir haciendo más larga la lista, y seguramente dejé pasar inquietudes más o menos relevantes para la vida de un niño, que si no resuelve sus dudas por medio de la familia, lo hará por otros medios [roguemos que no sea la televisión y las revistas de farándula] y con otras personas, que quizá no sean las indicadas. Habemos algunos que cuestionamos todo, y otros que sencillamente obviamos la realidad, ¿Cuál de esos quieres que sean tus hijos? ¿Ya sabes que les vas a responder entonces?

Me encantaría saber las respuestas que le darías a un niño, en su lenguaje y en su expresión, y si hay más preguntas mucho mejor.... Recordemos lo que dijo el científico Carl Sagan: Los niños no son tontos... solo niños.


Un saludo


Imagen vía

lunes, 2 de febrero de 2009


Me sabía inteligente, hasta que comencé a leer...

por Wiliam Ajanel

Por una extraña razón, muchos a los veintitantos olvidamos ciertos detalles de nuestra niñez, algunos dicen que cuando envejeces comienzas a recordar más [ad populum] sin embargo, las etapas más marcadas en nuestra vida son esos días que pasamos encerrados en aulas de colegios y escuelas aprendiendo las cosas de la vida, necesarias para considerarte "educado" e inteligente.

Pasé aproximadamente dieciocho años de mi vida creyendo que acumular conocimientos era sinónonimo de inteligencia y capacidad intelectual, apoyado en mis teorías comprobadas de que a pesar de no estudiar y leer mucho, siempre ganaba las pruebas con el famoso sentido común. Pero me bastaron un par de malas experiencias para darme cuenta de lo ignorante que era en muchos temas y de lo lejos que estaba de ser una persona intelectual.

Una de ellas ocurrió cuando ingresé a la universidad y se nos pidió realizar un ensayo sobre economía, me brillaron los ojos porque según yo, y basado en mis notas del colegio, yo era muy hábil para el tema [mi promedio en el instituro era de 99] entonces me dispuse a escribir mi supuesto ensayo, y muy autocomplacido me puse de pie y le entregué mi maravilloso ensayo a la catedrácita, naturalmente fui el primero en entregarlo, pero me sorprendió la respuesta de la catedrática, que con la frente arrugada me dijo: Esto está muy bien, pero siendo un ensayo me gustaría saber lo que usted piensa, no lo que decía su libro de economía.

Me sentí frustrado, humillado y cual cucaracha que se arrastra por el suelo. No podía ser, yo había realizado mi mejor esfuerzo, pero ese enorme esfuerzo se podía traducir en una cuestión muy básica: Me conformé con el concepto del libro de texto y nunca me informé, o leí más para crear mi propio criterio.

Fue entonces cuando decidí pasar más tiempo dedicado a la lectura de cuanta cosa se me pusiera en frente [relacionada a mi carrera por supuesto] y empecé a analizar y crear mis propias opiniones y conceptos sobre las cosas. Resultó un ejercicio bastante interesante, ya que de pronto me encontraba con la situación de cuestionar casi todo lo que se nos enseñaba en clase [supongo que mis catedráticos ya estaban hartos de tanta pregunta].

La lectura me proveyó del arma más importante que cualquier persona puede tener: El conocimiento. Por medio de la lectura comencé a ampliar mi universo intelectual y mi cultura general, desde libros viejos, pasando por los periódicos, revistas, cuentos y cualquier artículo u obra en internet, todos ellos fueron aportando una gran cantidad de recursos para que al final pudiera armar mis propias ideas y conceptualizar el mundo en el que vivo.

Naturalmente, con tanta información y la cantidad asfixiante de obras que circulan en la sociedad me di cuenta de lo limitado que me encontraba, y que ese mismo interés en seguir aprendiendo tenía como base la aceptación de que para saberme una persona muy inteligente tendría que estar sumido en la más triste ignorancia.

Entonces les animo a todos a que busquemos la sabiduría por medio de la lectura, para poder crear nuestros propios conceptos y encontrar nuestro propio criterio.

Un saludo.