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lunes, 1 de junio de 2009


Corrección política; el arte de las sociedades hipócritas

por Wiliam Ajanel

Llamar las cosas por su nombre. Es lo que siempre me decía un antiguo profesor, sinceramente no entendía a que se refería cuando me lo decía [yo era muy jóven] pero luego de unos años comprendí la sencillez y la importancia que tiene esa frase en las comunicaciones sociales e interpersonales. La corrección política nos hizo caer en el más desastroso y despreciable nido de hipocrecía, ya que lo que antes era tan tosco si se quiere pero dotado de mucha sencillez y honestidad ha sido cambiado por argumentos pseudo elegantes que buscan no ofender, pero que sin darse cuenta lo que hacen es distorsionar la realidad de los problemas sociales y personales.

Sin duda, la honestidad tampoco debe mal entenderse como un desconsiderado afán de ofender o ser vulgar hacia con los demás. Sencillamente hemos modificado aún nuestro propio lenguaje con palabrería barata y eufemismos para tratar de expresar nuestras inconformidades, pero sin ofender.

Nos han enseñado en la escuela, en el hogar, en los círculos sociales a no preguntar ciertas cosas, a no expresar ciertos pensamientos, por cordura, decoro, y más que todo por parecer correctos delante de la sociedad [que no nos debe y tampoco le debemos más que respeto] y apartar nuestros pensamientos de una línea de honestidad pura. Hoy en día aún existen temas tabú, de los que no se habla en público, de los que no puedes comentar porque alguien se puede ofender. ¿Hemos abandonado la libertad de expresión por un poco de admiración y adulación barata?

No hables del fulano porque es mayor que tu, no cuestiones al gobierno porque tiene más autoridad que tu, no juzgues las actitudes incorrectas porque se ve feo. Y así se agregaban expresiones y prohibiciones que no hicieron más que limitarnos del verdadero conocimiento de las cosas y sobre todo nuestro más básico derecho a expresarnos.

Se confundió la cortesía y la educación con la censura y la hipocrecía, hipocrecía que iba llenando nuestras relaciones y nuestra comunicación. Sin duda, las actitudes dentro de la sociedad también se vieron modificadas, especialmente en los círculos políticos que aprovecharon tan preciada herramienta para conseguir el favor de quienes poco conocen las intenciones que hay detrás de un "bonito discurso".

Pero ¿Cuál es el verdadero temor de mostrarnos cuales somos frente a la sociedad? Las razones pueden variar desde un desenfrenado anhelo de aprobación, hasta intereses públicos o laborales, lamentablemente cometimos el error de dar más valor a las apariencias que a la honestidad.

Sin embargo, es posible hacer algo por mejorar nuestra situación, enseñar a las nuevas generaciones que no hay mejor manera de comunicarse que con la verdad, que nunca saldremos de nuestras dudas sino es por medio del diáologo y la sinceridad, que la política, la religión y el fútbol no tienen por que ser temas prohibidos, no necesariamente si se sabe hablar con inteligencia. Saber que el órgano femenino se llama vagina y el masculino pene, sin ruborizarnos o soltar risas apagadas detrás de nuestras manos mientras escondemos el rostro. Es necesario llamar las cosas por su nombre, porque solo así evitaremos "sentir pena" cuando necesitemos expresar nuestra inconformidad.

Es necesario llamar las cosas por su nombre porque solo así los políticos y demagogos no tendrán oportunidad de engañarnos con mentiras disfrazadas y elegantes eufemismos. Es necesario regresar a la simplicidad de la comunicación para evitar ser insultados en nuestra propia cara sin darnos cuenta. Se hace urgente salir de la hipocrecía que han sembrado los medios al censurar desnudos artísticos y naturales, sustituyéndolos por escenas eróticas, provocativas, vulgares, violentas y sangrientas, pero eso si, "sin nada de piel".

No pido insultos y degradarnos a nosotros mismos, no pido desorden y falta de respeto, sencillamente un poco de honestidad y respeto, para hablar, comunicarnos e intercambiar ideas, que no haya temas prohibidos, que de manera responsable seamos totalmente libres de expresar nuestras opiniones sin temor a ofender.

A mi no me ofende si me llamas negro, latino, indígena o inmigrante, me ofende que trates de esconder tu desprecio con finas palabras y argumentos aduladores, me ofende que sientas que debas tratarme con "más" respeto que a los demás, solo por ser diferente. No me ofende que me llames creyente, ignorante o mal educado, me ofende que presumas de mayor posición y capacidad, dirigiéndote a mi como a una mascota, pero eso si, con mucho "tacto".

Seamos honestos, seamos sinceros, seamos respetuosos, pero sobre todo seamos auténticos.

No es un consejo, y odiaría ver esto en un .ppt pero suelen cansarme algunas actitudes de la sociedad, sencillamente es una muestra de inconformidad.


Un saludo

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lunes, 23 de marzo de 2009


¡Que no es guerra! Es una "intervención armada"

por Wiliam Ajanel

Desde el más celebre político y funcionario de turno, hasta el amable tendero de la esquina, todos hemos expresado, pensamos e incluso incitamos al uso de los eufemismos, esa práctica cotidiana que consiste en darle un tono más sutil y políticamente correcto a nuestros términos e ideas con el objeto de no ofender, herir o hacer sentir mal a los demás, aún cuando dichas ideas estén basadas bajo el mínimo concepto de la verdad y la rectitud.

Según el diccionario de la RAE, un eufemismo se puede definir como:

Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

Por supuesto, que en la mayoría de las ocasiones, lo de ser decoroso y suave, no proviene precisamente de poseer un alma pura y delicada sin odio hacia los demás hombres; es más bien el producto de intereses variados y que buscan en la hipocresía y una falsa moral, encontrar el favor de los votantes, clientes, seguidores, televidentes, "contribuyentes", feligreses y demás personas que podrían afectar los bolsillos y bases de datos al sentirse aludidos u ofendidos por alguna expresión mal colocada en los discursos, sermones, publicidad y demás material necesario para mantener el status quo.

Los eufemismos por otro lado, dañan la integridad de las personas en el sentido de un desarrollo adecuado y una verdadera superación personal, de este modo por ejemplo, comprendemos como se venden miles de ejemplares de libros, hinchados de palabras bonitas y discursos que llenan el ego de la gente [eufemismos], pero carecen de sinceridad y honestidad, se obvian los errores de la gente por temor a ofender. Se vive en un mundo fantasioso, lleno de hipocresía, pero eso si todos contentos.

Estos pueden ser tan nocivos a nivel individual como a nivel popular; los medios en este sentido también juegan un papel importantísimo para la expansión de los eufemismos y con esto una leve, pero importante distorsión de la realidad. No es lo mismo decir que "equis" país ha iniciado una guerra contra "tal" país, ¡Que no es guerra! Es una "intervención armada".

Con esto aplacamos [en menor o mayor medida] los sentimientos de rechazo y desaprobación hacia aquellos que utilizan el poder la violencia y la fuerza para imponer sus distintos intereses. Efectivos y persuasivos, los eufemismos entonces vienen a ser una especie de lubricante social, que al abrigo del correctismo político logran evitar inestabilidad y un ambiente de "paz".

Está claro que los eufemismos tampoco tendrían ningún impacto si no existiera la ingenuidad y en el peor de los casos, la hipocresía, ya que es necesario contar con un grupo considerable de personas dispuestas a aceptar cualquier excusa y palabrería bonita para evitar se confrontados con la realidad, personas dispuestas a no incomodar a los demás y sacar adelante una serie de términos y palabras que suavizan las realidades de la sociedad.

Así que la próxima vez que escuchemos uno de esos términos medio raros, analicemos el entorno de los posibles intereses de quien los exprese, y nos sorprenderá la cantidad de hipocresía que encontramos en dichos términos

En la Wikipedia podemos encontrar un listado sobre algunos de los eufemismos más frecuentes, de los cuales dejo una pequeña muestra, y si gusta los pueden visitar en este enlace:

  • Acompañante -> Pareja
  • Adulto mayor -> Anciano
  • Brazo armado -> Organización terrorista
  • Cálido -> Caliente
  • Centro psiquiátrico -> Manicomio
  • Colaborador/-a -> Trabajador/a
  • Crecimiento negativo -> Decrecimiento
  • Daños colaterales -> Víctimas civiles
  • Desvincular -> Despedir (de un trabajo)
  • Encinta-> Preñada, embarazada
  • Establecimiento penitenciario -> Cárcel
  • Étnico/a-> Indio/a, Cholo/a
  • Funcionario de prisiones -> Carcelero
  • Geriátrico, Residencia para la tercera Edad -> Asilo
  • Inodoro -> Retrete
  • Interno -> Preso o recluso
  • Interrupción del embarazo -> Aborto
  • Intervención militar -> Guerra
  • Material para adultos -> Pornográfico
  • Métodos de persuasión -> Tortura
Seguir leyendo en la Wikipedia

Los eufemismos podrán suavizar nuestro vocabulario, pero también lo hacen más falso y fácil de abusar. No los utilicemos si queremos ayudar, una verdad dura hará cambiar más que un cumplido hipócrita.

Saludos


Fuentes:

Definición de eufemismo por la edición en línea del Diccionario de la RAE

martes, 17 de febrero de 2009


¿Políticamente incorrectos o simples bufones?

por Wiliam Ajanel

Apoyados en la expansión de los medios y la libre expresión, surgen gran cantidad de personajes que se autoproclaman "políticamente incorrectos", sujetos que gustan de ridiculizar cuanto material caiga en sus manos y auxiliados por la burla o improperio más barato nos venden la idea de una actitud moderna y revolucionaria. Bajo la premisa de salir de lo convencional y hacer otro tipo de humor o entretenimiento, estos personajes de moda disfrazan su odio hacia distintas manifestaciones culturales, artísticas o intelectuales, por medio de chistes que de lo políticamente incorrecto pasan a los desagradable y vulgar.

Lo políticamente incorrecto va más alla de la idea de realizar una ofensa o una burla inapropiada, si se contextualiza con los medios en la actualidad, tal conducta se ve apoyada más en el concepto de las ideas contrastadas, es decir: Confrontar ideas de alguien más de manera muy franca y poco sutil.

Es normal que lo políticamente incorrecto esté, en ocasiones asociado a algún tipo de discurso sarcástico o irónico, sin embargo esto no tiene que ser necesariamente una burla infundada [como sucede con aquellos que se ríen de todo sin razón alguna, solo por deporte], en todo caso resulta de la experiencia misma del oponente, quien a falta de mejores palabras [o simplemente no querer entrar en una discusión] se corta de entrada algún suceso o argumento, exponiéndolo sin ninguna reserva y criticándolo sin ninguna consideración [las burlas o las risas puede que estén de más, eso no lo hace más o menos políticamente incorrecto].

En el ejercicio de las comunicaciones es importante saber la diferencia entre ser políticamente incorrecto, y ser un simple bufón como propongo en el titular, ya que existe esa línea delgada entre parecer extraordinario a parecer un total ridículo y vulgar. No hace falta caer en lo bajo y ofensivo para contradecir hechos, personas o argumentos, se puede ser muy honesto, franco, políticamente incorrecto sobre la base de una calidad intelectual razonable.

Alguien por ejemplo, que tiene la capacidad de hacer algún chiste o burla sobre algún asunto político o religioso, aún alejándose de los limites de lo apropiado y las formas correctas, puede tener esa capacidad de expresarse de forma políticamente incorrecta si conoce exactamente a que se refiere, es decir si ha estudiado o seguido de forma minuciosa el tema.

No resulta así con aquellos que se burlan de ciertas calamidades y catástrofes que le ocurren a determinadas personas o grupos de personas, en desconocimiento de las causas que ocasionaron dicho suceso, banalizándolas por simple diversión o no tener otra cosa mejor que hacer; es también una cuestión de respeto, buen gusto y oportunidad.

Seguramente todos gozamos de alguna sátira o broma de vez en cuando, nos ejercitamos quizá en el arte de hacer chistes o bromas sobre diversos temas, resulta divertido y bastante relajante, simplemente reflexiono sobre la mala fama que se le da al término políticamente incorrecto, y de quienes en base a su propia ignorancia se autoproclaman como tales.

Pensar antes de hablar, y más si se tiene cierto alcance en los medios, resulta una tarea de información y respeto, atender al buen gusto y alejarse de toda soberbia que pueda ocasionar imagenes desafortunadas de lo que resulta un simple y sencillo concepto. Recordemos cuando veamos a esos tipos que se hacen chistosos, quizá ya pasaron el límite de lo políticamente incorrecto para convertirse en: Simples bufones.


Un saludo