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miércoles, 18 de noviembre de 2009


¡Mira! Ya tengo el nuevo "esto" y el nuevo "aquello" [el argumento ad novitatem]

por Wiliam Ajanel

Me sucedió hace no muchos días, que un jovencito se acercó a mi con la "novedad" del tan sonadísimo sistema operativo de la compañía esa de software privativo que no voy a mencionar, pero que todos conocemos [si, esa] y me llamó mucho la atención esa actitud, que hasta hace unos años sólo veía en las ya típicas adolescentes de comportamiento irregular cuando se compraban "la última prenda de moda" o el disco del cantante de moda tal, y fue obvio para mi que es un fenómeno que trasciende en todos los ámbitos de la vida, y que curiosamente va de la mano con una de las falacias lógicas de mayor impacto socio-cultural que nos acompañan desde hace mucho tiempo; el argumento ad novitatem.


Citando un poco la Wikipedia, veremos que:

La apelación a la novedad (también llamada argumentum ad novitatem) es una falacia lógica que sostiene que una idea es correcta o mejor simplemente por ser más moderna. Este tipo de falacia es muy efectiva en el mundo actual en el que las novedades tecnológicas han ayudado a mejorar nuestras vidas y todo el mundo aspira a estar a la última.

Y tal como me lo esperaba, al preguntarle al jovencito sobre las razones por las cuales creía que era estrictamente necesario y beneficioso, migrar su sistema operativo a uno "nuevo", tan sólo supo responderme: Bueno, siempre es bueno estar actualizado y seguramente este nuevo programa es mucho mejor que el anterior, encima se ve más bonito.

Sin entrar al detalle minucioso de hacer comparativas sobre si es o no mucho mejor un programa que el otro, me sorprendió la base errónea sobre la cual no sólo este jovencito, sino una gran parte de la sociedad basa su consumo, la "novedad". Es curioso como podemos en muchas ocasiones desatender nuestro propio razonamiento lógico en nombre de la moda, la mercadotecnia, la publicidad y las necesidades creadas en base a falacias lógicas como el ad novitatem.

Pero ¿cómo hemos dado cabida a este tipo de prácticas en la sociedad? Las razones pueden ser muchas; la ignorancia es una de las más fuertes, ya que un acceso limitado a la información y la educación, ha hecho que se valoren mucho los juicios que proponen los medios de comunicación para afrontar la realidad de nuestras necesidades en el mercado, si escuchamos hablar de una nueva lavadora en la publicidad de la tele, vamos y corremos a comprarla porque lo dijo la tele [ad verecundiam] o si leeemos sobre el nuevo best seller del autor equis zeta en el periódico, vamos y lo compramos porque es un éxito y mucha gente lo lee [ad populum] pero la influencia de lo novedoso sobrepasa el límite de lo racional, y obviamos aspectos tan elementales, como la funcionalidad, la utilidad, la sencilléz, la rapidéz, la economía, etc; por ejemplo el hecho de que una lavadora por más botones y vueltas que pueda dar, al final lo que hace es... lavar.

La innovación sin embargo, no resulta un despropósito en si misma, el problema resulta cuando la sociedad, ya sea por comodidad, pereza o simple emocionalismo, evita acceder a la información real sobre las cosas de las cuales se nos dice, son una novedad para mejorar más aún nuestras vidas, en la mayoría de las ocasiones, esto resulta estar tan alejado de la realidad, porque en lugar de invertir nuestros recursos [y no me refiero solamente al dinero] en mejorar aspectos realmente importantes de nuestras vidas, desperdiciamos aún lo que no tenemos en ser o parecer más modernos, sin poder siquiera aprender a maximizar y optimizar todo artilugio y cacharro que ronda por la casa [tal es el caso del microondas de mi casa que aún no termino de entender, por ejemplo].

Para finalizar, justamente ayer veía un capítulo de la serie del Doctor House, y el capítulo giraba [entre otras cosas] en torno a un discurso que del doctor G. House tenía que dar en apoyo a un nuevo medicamento de una farmaceutica o laboratorio equis. El caso es que, en un giro muy particular de la serie, el doctor, molesto por la reacción del propietario frente a su cortísimo discurso, decidió retomar el podio y expresar un discurso particularmente subversivo donde expresó la verdadera razón del medicamento, que entre otras cosas, no tenía mejora significativa, más allá de ser una razón perfecta de elevar las ventas de la farmacéutica y una excusa para patentar de nuevo los medicamentos y mantener con la idea de mejoras a todos los enfermos sedientos de pequeñas esperanzas, parafraseando: Esta gente está tan enferma que no le importaría gastar todo su dinero en medicina que tiene los mismos componentes, pero que "es nueva".

¿Tan enferma está nuestra sociedad? ¿Compraremos todo aquello que nos de una pequeña esperanza de progreso o comodidad? No es tan difícil plantearse lo que es estrictamente necesario y lo que es tan sólo parte de una falacia en la sociedad, pararnos y pensar dos minutos antes de obtener lo "último" no es tan difícil después de todo.


Un saludo.

Fuentes:
Artículo de la wikipedia sobre el Argumento ad novitatem

También puedes leer la serie sobre argumentos y falacias lógicas

miércoles, 7 de octubre de 2009


¿Compramos buenas marcas o buenos productos?

por Wiliam Ajanel

A simple vista parece una pregunta bastante redundante, sería fácil evitar la cuestión argumentando que una es consecuencia de la otra, si una marca es buena, es porque el producto en algún momento ha sido bueno. Me atrevo a cuestionar tal argumento, sencillamente porque el mercado desde hace mucho dejó de funcionar como una relación entre calidad de bienes, servicios y satisafacción de necesidades, para transformarse en una especie de estrategia basada en la especulación y la psicología del consumidor.


Pero ¿cómo es que logra una marca superar la calidad de un producto? El proceso es muy sencillo, aunque requiere de una fuerte inversión económica que se basa en la manipulación y el control de los medios y los canales de distribución [que van desde las tiendas, los mayoristas, los detallistas, etc]. Por ejemplo, nos encontramos con una camiseta de algodón, que puede en determinado momento resultar bastante genérica y fácil de encontrar, pero viene el asunto de las marcas, que se han logrado posicionar, es decir, han logrado colocarse en un espacio de nuestra mente, y damos entonces una prioridad de calidad más alta.

¿Cómo llegó a "posicionarse" esa marca en nuestra mente? La publicidad juega un papel determinante en nuestra percepción sobre las marcas, independientemente de la calidad de el producto; está siendo sobrevalorada la imagen que hay detrás de una marca, es por eso que resulta tan necesario que una marca de un producto esté apoyada por la imagen de personalidades del mundo de los medios, la música, el deporte, etc.

La habilidad que han logrado muchos profesionales del posicionamiento para distraer nuestra atención hacia las bondades de la marca es impresionante, comenzando con el simple hecho de, por ejemplo, pedir un Marlboro en lugar de pedir un cigarrillo cualquiera. Se puede alegar en este caso en específico, que es un producto que se ha ganado el prestigio a través de los años y la calidad de sus productos, pero ¿estamos realmente convencidos de la calidad del producto o sólo de su prestigio?

Es de considerar que muy pocos tienen el tiempo, los conocimientos técnicos y la objetividad, necesarios para comprobar la calidad de los productos, es muy difícil tratar de convencernos, en primer lugar, de que entre cientos de marcas de un detergente, existan otros mejores quizá que no son tan famosos, sencillamente tardaríamos mucho tiempo en determinar bajo juicios de valoracion objetiva, cuál es el mejor y por qué.

Esto no quiere decir que estemos condenados a consumir los productos que salen victoriosos de una guerra comercial donde gana el más poderoso, el más viejo o el más publicitado, sencillamente podemos despertar la conciencia individual hacia una especie de "consumo responsable", lo cual no quiere decir que dejemos de comprar marcas, pero en vez de eso, volvamos [como mucho tiempo atrás] a preocuparnos por las bondades de un producto, su utilidad, su calidad, sus atributos físicos y si se quiere su precio.

Yo me temo que en su mayoría, estamos consumiendo productos de marcas reconocidas, lo cual no debería cerrar la puerta de la duda respecto a su calidad. ¿Compramos buenas marcas o buenos productos?


Un saludo

También puedes leer:

La generación "aprendí a pasar de la publicidad"

miércoles, 17 de junio de 2009


No se llama música, se llama marketing audiovisual

por Wiliam Ajanel

Cuando tenemos una noción básica sobre el funcionamiento del marketing [mercadotecnia si se prefiere] entendemos como funciona el mundo del entretenimiento y los medios de comunicación social. Lamentablemente, las artes no escapan del engaño y la farsa que existe detrás de cientos y miles de grupos que se autoproclaman musicales, pero que en verdad, y para conocimiento de todo el público deberían llamarse con toda propiedad y justicia: Marketing audiovisual.


No está de más dar una pequeña explicación sobre el marketing como herramienta de comercialización y ventas, sería Phillip Kotler quién definiera el marketing como:


El proceso social y administrativo por el cual los grupos e individuos satisfacen sus necesidades al crear e intercambiar bienes y servicios...

Especial interés en la palabra crear. La relación inicial que hay entre la supuesta música y el marketing es la proyección que tiene al ser llevada hacia adelante como algo que cubrirá una o varias necesidades en particular, es decir: Se obvia por completo el hecho de que la música sea una expresión artística, egocéntrica hasta cierto punto y que se sujeta a reglas muy elementales para ser considerada como tal; en cambio, el marketing audiovisual busca, por medio de un análisis de mercado donde se obtienen datos precisos sobre el público, llenar las expectativas del público, en palabras sencillas: Lo que a la gente le gusta oír.

Sin entrar en detalle de géneros musicales, se pueden mencionar aspectos básicos que en el pasado se daban conforme un orden natural y un tanto espontáneo con los famosos "rockstars" que definieron un estilo de vida bastante glamoroso y excéntrico, pero que ahora son parte de un perfil necesario para todo aquel que sea tomado como un buen ejemplar para la industria de la "música" [repito, se llama marketing audiovisual] por ejemplo:

Muchas bandas de rock, diríamos a mediados de los 70's y a inicio de los 80's iniciaron una especie de estética que les llevó a tener cierta admiración y reconocimiento por sus seguidores, expresando rebeldía y un tanto de excentricidad para diferenciarse del resto de bandas, mientras que hoy en día, es escencial que el "músico" o la estrella musical, disponga de una imagen [imagen de marketing] que le lleve a ser reconocido y parecer interesante al público al que se dirige [una estrella de pop utilizando colores pastel, ropa bonita, peinados juveniles, etc. Un cantante de reguetón visitiendo pantalones flojos, cadenas de oro y lentes oscuros. Un cantante de happy punk... bueno, sin comentarios].


En el pasado, muchas bandas o artistas musicales eran objeto de escándalos públicos, debido a su comportamiento [hay que reconocer que algunos sencillamente tenían problemas mentales] y actitud en su vida cotidiana y personal, no era parte ni de su imagen como artistas, ni tampoco les interesaba dar a conocer esos aspectos de su vida, sencillamente actuaban espontáneamente y los medios encontraron un jugoso filete para aumentar sus ingresos y engordar sus bolsillos. Hoy en día es tan fácil darse a conocer y crear una plataforma mediática si se quiere ser un "artista famoso", se hacen una película porno, aparecen en la fiesta del fulanito de tal, aparecen un reality show mostrando lo interesante que es su vida, o sencillamente se exponen al público con gran necesidad de protagonizar.


La lista de ejemplos podría ser enorme, el punto principal aquí, es que todos estos aspectos que hoy se consideran como parte de la vida de un músico y toda la plataforma comercial que los acompaña en el pasado no era más que consecuencia del éxito personal como artista y músico, la gente hacía música, cantaba canciones que el resto del público podía interpretar como propias, vivencias personales o letras sentimentales que podían atravesar la barrera de la indiferencia y hacer eco en el sentido auditivo de la gente. Hoy nada de esto es o se quiere que sea espontáneo, han hecho de la música un negocio, muy bien elaborado por cierto, porque la gente que hay detrás de toda esta industria no es tonta y mucho menos ignorantes.

Mi principal preocupación es que se siga engañando al público con la idea de que están consumiendo música, porque aunque tenga la forma, los sonidos y la estructura de música, no es más que un producto elaborado [bonito, feo, innecesario, etc] que puede tener o no éxito en el mercado al que se dirige, funciona tal y como podría funcionar una lata de atún, que si se le hace buena promoción, una buena imagen, una buena distribución de canales y medios, llegará a tener tanto éxito como latas de atún existan en el mercado.


No digo que la música esté limitada al ámbito independiente y que todas las bandas controladas por disqueras y firmas transnacionales sean producto del marketing, pero si medito sobre las características y parámetros que deben considerarse para promover algo como "música", porque es necesario llamar las cosas por su nombre, porque no estoy dispuesto a considerar música algo que fue previamente analizado con tablas de segmentación, la música por definición es un arte, una expresión del humano, y en lo personal la considero como una extensión de las emociones humanas.

No se puede entonces, poner a la par de algo que es por naturaleza, espontáneo, natural y emocional, algo que resulta de la fabricación de ideas basados en una demanda de mercado y que obedece a parámetros estrictamente económicos.


Por último, un amigo me comentó sobre una nueva banda de "punk" y me dijo que si era buenos y lo otro, y al preguntarme lo que yo pensaba respondí: Son buenos en lo que hacen, pero no lo considero música, como producto les veo mucho futuro, saben qué cantar, qué letras escribir y a qué público dirigirse, pero eso no es ser músico, eso es ser un buen comerciante.
Así que de vez en cuando me parece que es bueno plantearse si lo que disfrutamos es música, o sencillamente consumismo marketing audiovisual.


Un saludo y como siempre, las cosas por su nombre.

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